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 ¿Qué es el ego? Sepa cómo influye en su comportamiento y éxito

13 Diciembre, 2019

Ego, ¿qué es de todos modos? Sigmund Freud, uno de los principales nombres del psicoanálisis, utilizó los conceptos de id, ego y superyó para explicar la personalidad de los individuos.

Según él, la identificación sería nuestra porción más instintiva, que privilegia los deseos, deseos, urgencias, sin conocer los límites morales y éticos.

El superyó, por otro lado, sería lo contrario. Su característica es precisamente imponer límites de reglas y conducta, considerados apropiados en vista de la cultura y la buena convivencia.

El ego, a su vez, surgiría como un "punto medio" entre estas dos caras. Un mediador que escucha la naturaleza casi animal de la identificación, reflexionando sobre ellos de acuerdo con las reprimendas del superyó.

En otras palabras, el ego sería el "yo" que escucha las voces imperativas, hambrientas de autosatisfacción, lastima a los que sufren, y el consejo de un vigilante muy estricto que busca el equilibrio y la comprensión entre las partes.

Por supuesto, esta disputa no siempre termina en un empate. Dependiendo de la situación, el yo puede inclinarse hacia cualquier impulso …

En la vida práctica, ¿cómo podemos notar estas inclinaciones? ¿De qué manera impactan la percepción de nuestra personalidad? ¿Qué ego, después de todo, estamos evidenciando a través de nuestras actitudes? ¡Sigue y lee y descúbrelo!

Entre placer y censura: ¿cómo se desarrolla el ego?

Imagine una situación trillada, como la fiesta de cumpleaños de un niño. Entre los invitados, un niño pronto llama su atención, que ya está causando revuelo.

Eufórica, entra al espacio frente a sus padres porque no quiere esperarlos. Reacia a saludar a nadie, corre hacia la mesa de dulces. Sin darse cuenta de las miradas de regaño de los adultos, se dedica a comer lo que le gusta. Manos sucias, ropa, dejar basura en la mesa …

Cuando su gula parece aplacada, el niño se va a disfrutar de los juguetes. Encuentra el trampolín y perfora la línea, empujando a los invitados frente a él.

Cuando alguien le dice que su tiempo en el juguete ha terminado y que debe ceder el paso al siguiente, hace una rabieta, insiste, llora … finalmente, un escándalo. Es el niño típico quien, si decide, apagará la vela, a pesar del privilegio del cumpleañero.

Entre susurros, los adultos comentan: "Es culpa de tus padres". Y de hecho, tienen razón. Por qué En nuestro ejemplo caricaturizado a propósito, describimos a una niña "malcriada" cuya inclinación natural por la realización personal, con la que todos nacemos, no conocía una realidad que la pusiera bajo control.

Cuando las voluntades imperativas siempre se cumplen de inmediato, el niño no aprende a "negociar" con el mundo. Su identificación no obtiene contornos importantes, lo que le permitiría construir una identidad saludable y más agradable.

¿Cuándo comienza el desarrollo del ego?

El ego comienza su desarrollo precisamente cuando los impulsos primitivos comienzan a conocer la dinámica simple de la vida. Inicialmente no depende de instrucciones formales. Aprende de la experiencia, por así decirlo. De esta manera, controla la identificación.

Más tarde, la educación ofrecida por los padres primero, más tarde por la escuela, la convivencia social y otras formas de transmisión de códigos culturales, les dará los mecanismos del superyó.

A diferencia del niño excesivamente espontáneo que describimos anteriormente, el individuo que ha asimilado la orientación sobre el ideal de comportamiento es muy civilizado (la palabra es precisa porque refleja el proceso).

Evita ensuciarse, recoge la basura, saluda a la gente, respeta el orden de la línea. No porque haya perdido sus impulsos naturales de placer. Pero debido a que ha aprendido valores de conducta apreciados en la sociedad, que reproduce para obtener otras órdenes de placer, para ser admirado por otros y por sí mismo, por sus virtudes, por ejemplo.

Ninguna de estas tres condiciones se agota en la edad adulta. Nuestra identidad no es estática. Somos, según Freud, la tríada id, ego y superego que, como "gobernantes", debaten continuamente entre ellos, manifestando sus posiciones. De acuerdo con las inclinaciones del ego, que tiene la última palabra, elegimos esta o aquella actitud.

El conjunto de nuestros comportamientos da forma a nuestra personalidad y, como resultado, determina cómo somos interpretados por las personas con las que vivimos.

Ego en expresiones populares

Lejos de los conceptos psicoanalíticos en la vida cotidiana, los usos de la palabra "ego" obedecen a significados menos complejos.

Sabemos por lo que se ha expuesto en esta publicación que la definición de ego como equivalente a la arrogancia, vanidad, arrogancia, orgullo e individualismo no es correcta. Sin embargo, son estas connotaciones las que encontramos más en el uso popular.

Tiene sentido, porque el ego es en sí mismo, como hemos visto. Por lo tanto, crear correspondencias entre el ego y los rasgos de personalidad centrados en sí mismos, expresando una supuesta superioridad sobre los demás, no es incomprensible.

Si tomamos esta perspectiva, ¿cómo responderíamos preguntas como:

  • ¿Qué significa tener un ego alto?
  • ¿Qué alimenta al ego?
  • ¿Qué significa aumentar el ego?

Posiblemente discutiríamos con oraciones peyorativas, asociando el ego elevado con excesos desagradables y reprobables.

Pero, ¿no podríamos optar por una interpretación más saludable? ¿Un pensamiento relacionado con el fortalecimiento del ego para lograr un mayor equilibrio emocional, íntimo e interpersonal? ¿Qué tal probar esta perspectiva?

Ego fuerte: la clave del crecimiento personal.

Un ego fuerte, en la concepción de Freud, es uno que se construye en la búsqueda del equilibrio de id y superyó. No ignora ni sobre potencia ninguno de los impulsos.

La tarea no es fácil y, sin duda, representa un propósito a desarrollar para toda la vida. Sin embargo, al apuntar a este objetivo, la identidad gana un instrumento para el autoanálisis y un norte para el autodesarrollo.

Comienza a pensar en el ego como lo que es: un mediador. Cuanto más invierta en su capacidad para realizar dicha función, con habilidad, más evolucionará su personalidad.

Hemos seleccionado 6 consejos para ayudarlo en este esfuerzo. ¡Compruébalo!

1. Invierte en terapia para conocer el ego.

Ponemos esta sugerencia primero porque de hecho es transformadora. Solo, no siempre podemos diagnosticar barreras de superego o compulsiones de identificación.

El terapeuta puede ofrecernos un nuevo espejo, sacando a la luz demandas reprimidas que resuenan con diferentes rasgos de nuestra identidad, como hábitos, adicciones y dificultades.

2. Alcanzar la perfección gradualmente

Un ejemplo práctico: el superego te cobra por adoptar una dieta equilibrada, hacer ejercicio a diario, dejar de fumar.

La identificación, por el contrario, no está muy preocupada por lo correcto o incorrecto para su salud. Disfruta de los placeres inmediatos, las recompensas instantáneas de la comida rápida, el maratón de la serie y la oferta de cigarrillos.

¿Cómo interfiere el ego? Si crees que es el turno de gobernar del superyó, provocará un cambio radical en la rutina. Corta todo lo que el superego requiere. Por supuesto, la identificación se alterará. Cualquiera que haya tratado de hacer pausas drásticas en este orden sabe que es poco probable que el propósito se mantenga firme durante mucho tiempo.

Para evitar la frustración, convoca al ego como negociador. Deje espacio para la identificación y el superego para ser escuchado. Reduzca el consumo de cigarrillos, introduzca comidas más saludables, pero permita resbalones sin culpa, encuentre una buena actividad física para hacer dos veces por semana.

A medida que las dos partes se reconcilien, la identificación aprenderá nuevos placeres. Apoyará las decisiones del superego porque encuentra satisfacción en ellos.

3. Alimenta tu ego

Recuerda que el ego se forma a partir de las experiencias. Un viaje, una película, una conferencia, un libro, una conversación … son referencias que lo enriquecen y agudizan sus parámetros.

Las experiencias tienen el poder de renovar opiniones, desconectar creencias e indicar otras fuentes de placer. Pueden representar lecciones de humildad, pedirnos nuevas habilidades, inspirar las reflexiones necesarias.

4. Respetar el espacio del otro

¡No pienses que has aprendido todo al respecto! Sin darnos cuenta, en nuestra vida diaria, podemos parecernos a ese niño desagradable que describimos al comienzo de este texto.

La prisa justifica nuestra descortesía, nuestras convicciones hacen que el otro se equivoque, nuestras narraciones son más interesantes que las de los amigos … Detente por un momento y reflexiona: ¿qué espacio existe para escuchar con eficacia, amabilidad y apertura a los puntos de vista de los demás? ¿su vida?

5. Desarrollar proactividad

¿Viste cosas que otros no vieron? ¿Podría ofrecer su opinión para solucionar un problema? ¡Pero no es su responsabilidad intervenir! Además, si decidiera sugerir algo, ¿no parecería presumido?

Mira, el mayor orgullo radica en observar, juzgar las actitudes de los demás y estar en silencio, esperando el desastre. Si puede evitar un trastorno, ofrezca ayuda.

Comparte tu conocimiento y experiencia. Solo tenga cuidado de transmitir su apoyo a través de un enfoque amigable y útil. Créeme, puedes hacerlo.

6. Mantén tu ego en movimiento

Las personas envejecen cuando dejan de cambiar. Después de todo, el movimiento es el imperativo de la vida. Tu cuerpo se beneficia del ejercicio. Tu mente y tu identidad también.

¿Cómo ejercitar el ego? Simple: bienvenido duda! Investigue sus razones y reacciones. No admitir respuestas listas, culpar a las tareas que recaen en los demás. Juega el "abogado del diablo" para ti mismo.

El ego es un juez. Mejora sus métodos a medida que realiza sus funciones. Piense en eso.

Cuando comprendemos que el ego no es un enemigo para luchar, sino una parte intrínseca de nuestra condición humana, ajustamos nuestro comportamiento a la evolución personal. ¡Siempre hay margen de mejora!

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